Utilización justa y sostenible de la biodiversidad

Descripción breve del proyecto

Denominación: Promoción del potencial económico de la biodiversidad de manera justa y sostenible para poner en práctica el Protocolo de Nagoya en Centroamérica y República Dominicana (Acceso y Participación en los Beneficios)
Comitente: Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo (BMZ) de Alemania
País: Centroamérica
Entidad responsable a nivel político: Secretaría General del Sistema de la Integración Centroamericana (SG-SICA) con la Comisión Centroamericana de Ambiente y Desarrollo (CCAD)
Duración total: 2014 a 2019 

Acceso y Participación en los Beneficios (ABS). La búsqueda de sustancias activas vegetales juega un rol importante en la industria farmacéutica. © GIZ

Situación de partida

Aunque Centroamérica tiene una extensión territorial que apenas representa el 0,5 % de la superficie terrestre del planeta, esta región alberga más del 7 % de la biodiversidad a nivel mundial. Sin embargo, debido al cambio climático y al alto crecimiento demográfico, estos recursos naturales se encuentran en grave peligro. El Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) de las Naciones Unidas, suscrito en 1992, tiene, entre otros, el objetivo de asegurar el acceso a los recursos genéticos y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de esos recursos (Access and Benefit-Sharing, ABS). Por este motivo, la mayoría de los países signatarios del CDB aprobó en 2010 el Protocolo de Nagoya, un acuerdo internacional sobre medio ambiente con el que se busca conciliar los intereses de los países de origen de los recursos genéticos —por lo general países en desarrollo y emergentes— y de los países que utilizan los recursos genéticos —casi siempre países industrializados—. El Protocolo de Nagoya entró en vigor en octubre de 2014 y desde entonces ha sido ratificado por un total de 100 Estados, entre ellos, Alemania.

El protocolo tiene en cuenta también los conocimientos tradicionales de los que disponen sobre todo las comunidades indígenas y locales, y que, en la región centroamericana, desempeñan un papel de especial importancia. Con frecuencia son las mujeres quienes poseen estos conocimientos. Para la implementación eficaz y eficiente del ABS y del Protocolo de Nagoya es preciso crear las condiciones correspondientes y aportar claridad sobre las oportunidades y los riesgos.

Así, los recursos genéticos constituyen la base de un gran número de productos para la economía y la ciencia. Se utilizan en la biotecnología, pero también en productos farmacéuticos y cosméticos, jardinería, semillas, fertilizantes, pesticidas, alimentos y bebidas. En Centroamérica, este tema suscita muchas controversias: los Gobiernos desean impedir la biopiratería, es decir, la utilización ilegal de los recursos por parte de investigadores e investigadoras y empresas extranjeros. Por su parte, algunas organizaciones de la sociedad civil y comunidades indígenas se defienden también frente a la idea de que su base de subsistencia sea considerada un valor económico. 

Objetivo

Los Estados miembros del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) implementan primeras medidas para una distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de la utilización sostenible de los recursos genéticos y los conocimientos tradicionales asociados a ellos.

Utilizar la biodiversidad de manera justa y sostenible. El ABS contribuye al desarrollo rural, por ejemplo en El Salvador. © GIZ

Procedimiento

En toda la región, así como también en los Estados miembros del SICA, el proyecto pone en marcha capacitaciones, eventos informativos e intercambios técnicos. En estas actividades, sobre todo representantes de la política, de órganos encargados de hacer cumplir la ley, de la sociedad civil y del sector privado pueden adquirir conocimientos e informarse sobre las oportunidades y los riesgos del acceso a los recursos naturales genéticos y los beneficios derivados de su utilización. El proyecto mejora y desarrolla estrategias y condiciones marco jurídicas que sirven de orientación a los Estados miembros del SICA para aprovechar mejor sus recursos genéticos.

Además, el proyecto ayuda a algunos países de la región a impulsar procesos encaminados a mejorar el marco político, estratégico y jurídico para la implementación del Protocolo de Nagoya. El proyecto acompaña el diálogo nacional sobre el tema, integrando experiencias internacionales positivas así como propuestas para su puesta en práctica.

Junto con la población, el proyecto muestra en municipios y provincias ejemplos de cómo los países pueden utilizar con mayor beneficio económico y social productos de la biodiversidad o productos basados en recursos genéticos. Los resultados se comunican a los y las responsables de los Gobiernos locales y nacionales, estableciendo vínculos con el sector empresarial. Así se generan incentivos que contribuyen a la protección y la utilización sostenible de los recursos biológicos.

Resultados

Hasta septiembre de 2017 fueron capacitadas 958 personas (de ellas, 444 mujeres) en ministerios, órganos encargados de hacer cumplir la ley y otras instituciones –entre otros en cooperación con la Secretaría del CDB y la Red de mujeres indígenas de América Latina y El Caribe para la Biodiversidad–. Las condiciones marco para el ABS fueron mejoradas a través de nuevas disposiciones legales (p. ej. en Costa Rica, Guatemala, Panamá y República Dominicana) y aportan así mayor claridad para los usuarios. A nivel regional, el Comité Regional de ABS de Centroamérica y República Dominicana, que cuenta con representantes oficiales de los ocho Estados miembros, ha iniciado su trabajo. Por ejemplo, presentó el potencial de la región en la 13a Conferencia de las Partes Contratantes del CDB, celebrada en México. Finalmente, se puso en marcha en Guatemala el primer proyecto ejemplar de ABS a nivel local, encaminado a la “conservación del conocimiento tradicional y de cultivos locales”.